poesia

Reglas de juego para los hombres que quieren amar a las mujeres

El hombre que me ame

deberá saber descorrer las cortinas de mi piel

encontrar la profundidad de mis ojos

y  conocer lo que anida en mi:

La golondrina transparente de la ternura.

 

El hombre que me ame

no querrá poseerme como una mercancía,

ni exhibirme como un trofeo de caza,

sabrá estar a mi lado

con el mismo amor

con el que yo estaré al lado suyo.

 

El amor del hombre que me ame

será fuerte como los arboles de ceiba,

protector y seguro como ellos,

limpiu como una mañana de diciembre.

 

El hombre que me ame

no dudará de mi sonrisa

ni temerá la abundancia de mi pelo;

respetará la tristeza, el silencio

y con caricias tocará mi vientre como guitarra

para que brote música y alegría

desde el fondo de mi cuerpo.

 

El hombre que me ame

podrá encontrar en mi

la hamaca donde descansar

el pesado fardo de sus preocupaciones,

la amiga con quien compartir sus íntimos secretos,

el lago donde flotar

sin miedo de que el ancla del compromiso

le impida volar cuando se le ocurra ser un pájaro.

 

El amor de mi hombre

no conocerá el miedo a la entrega

ni temerá descubrirse ante la magia

del enamoramiento;

podrá gritar!”Te quiero”¡,

o hacer rótulos en los alto de los edificios

proclamando su derecho a sentir

el más hermoso y humano

de los sentimientos.

 

El amor de mi hombre

no le huirá a las cocinas

ni a los pañales del hijo;

será como un manto fresco

llevándose entre nubes de sueño y de pasado

las debilidades que por siglos

nos mantuvieron separados

como seres de distinta estatura.

 

El amor de mi hombre

no querrá rotularme ni etiquetarme;

me dará aire, espacio,

aliento para crecer y ser mejor,

como una revolución

que hace que cada día

el comienzo de una nueva victoria.

 

Giaconda Belli

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